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viernes, 14 de diciembre de 2018

El Grial y Lucifer : mitos solapados. (Serie de Kababelan)

  
 A finales de la Edad Media se escribieron en el occidente europeo una serie de relatos de aventuras místicas en torno al legendario mito del santo Grial. Cada una de estas narraciones ofrece una versión diferente o una perspectiva distinta del mito, según cual sea la fuente de información, la cultura personal, la influencia política o la idiosincrasia religiosa del autor. Wolfran Von Eschembach es el único entre todos que aporta o revela el génesis luciferino del Grial, cuya procedencia oculta es el esoterismo cabalístico y de próximo oriente, con el que fortuitamente entró en contacto.
Frente a las conocidas versiones simples de que el Grial es bien la evolución cristianizada del caldero celta de regeneración, bien la copa que recogió la sangre divina de Cristo o bien una metáfora de la antigua diosa perdida, von Eschembach revela la auténtica procedencia luciferina de la leyenda. Este autor alemán profundizará en el esoterismo ancestral y la raíz secreta del  mito, aunque lo presentará lógicamente revistiéndolo con los ropajes e idiosincrasia de la época.
Manifiesta que el santo grial en verdad no es sino la piedra luminosa y sagrada ubicada en la celestial frente del divino Lucifer. De ahí surgirá el mito, en todas sus variantes, conectándose e imbricándose con corrientes espirituales de distintas culturas y épocas.
En su relato Lucifer caerá a la Tierra tras su destierro celestial y con él llegará la bendita piedra, transformada luego en mítica copa en una fusión metafórica. Sabido es en simbologia arquetípica universal que una gema brillante en la frente representa la más alta iluminación. Por ello Lucifer es arquetípicamente el portador de la luz, el que muestra el camino o senda divina. Y exactamente igual simboliza el grial, pues la piedra/copa es la portadora o manifestadora de esa misma divina luz. 
Es así que Lucifer y Grial se solapan en algunos textos, siendo el segundo la clave o símbolo del primero. El Grial perdido es en verdad la causa luciferina. Lucifer simbolizó y simboliza la luz espiritual rebelde al mito del dios absoluto patriarcal, la rebelión de la libertad espiritual frente al dogmatismo religioso, la ciencia espiritual frente a la superstición religiosa o mítica. Cuando el patriarcalismo se apodera progresiva y despóticamente de los mitos y visiones religiosas, a lo largo del primer milenio antes de nuestra Era, surgirán también las divinidades que se resisten a claudicar ante el paradigma impuestso del excluyente fanatismo machista religioso. Con el tiempo se irá forjando progresivamente la leyenda de Lucifer (adición, evolución y simbiosis arquetípica), que aglutinará distintos paradigmas espirituales de resistencia a la estrecha visión del patriarcado radical.
Lucifer es la esencia de las viejas religiones y divinidades iniciáticas. Lucifer condensa y representa a las antiguas diosas desterradas, a los dioses y arquetipos denostados, a las sendas espirituales liberales perseguidas.
Frente al fanatismo de las religiones monoteistas patriarcales, más radicales e intransigentes aún que las anteriores religiones politeístas patriarcales de milenios anteriores, toma forma el mito del Angel Rebelde. Será el símbolo codificado de las ancestrales diosas y dioses portadores de luz del pasado.
Desde la antiquísima Ishtar hasta llegar a Lucifer habrá un largo camino, habitado por infinidad de diosas y dioses todas igualmente perseguidos y desterrados. La saga de divinidades expulsadas de la cultura religiosa ahora dominante es innumerable. Para el patriarcado religioso serán demonios malignos, pero en realidad no existe más mal que el que produce la mente humana. Muchas divinidades eran sendas iniciáticas de luz y serán estas deidades las que cristalicen en un único arquetípo y transmutadas forjen al fin el mito luciferino.
La luminosa piedra grialiana-luciferina es la esencia de todas las piedras sagradas que simbolicen a la divinidad, la esencia de todos los árboles sagrados, de todos los lagos y fuentes mágicos, de toda iniciación genuina que se aparte de los dogmatismos religiosos de los credos patriarcales.
Lucifer es la verdadera luz, libre de dogmas, rebelde a la luz falsa de los fanatismos y doctrinas impositoras. Lucifer ya no está en el cielo u olimpo de los dioses patriarcales, sino que se halla en la Tierra, penetrando la materia-mente, como siempre estuvo la antigua y milenaria Diosa.
Lucifer es por tanto una enmascaradora metáfora de arquetipos sumamente antiguos, que fueron perseguidos sin tregua durante siglos por las nuevas religiones patriarcales. Pero al mismo tiempo, por todo ello, Lucifer es una luz y esencia espiritual intemporal y verdadera, que se halla escondida tras las brumas de la distorsionada materia, tras las nieblas que se extienden por la confusa mente humana. Durante siglos muchos han buscado el mitificado santo grial, la luz antigua de la iniciación o iluminación genuina, pero se han confundido y se han perdido en las tinieblas o sombras de la mente y en falsos mitos, o han caído en estrechas y limitadas redes de creencias.

La senda grialiana es por tanto una secreta metáfora tras la que se disfraza u oculta la senda luciferina. El santo grial es la luz divina de Lucifer, pero también la sangre secreta de la realidad trascendente. Y Lucifer es la divinidad antigua que muestra el camino a la luz y que se resiste a ser destruida por los dioses creados por la mente fanatizada del patriarcado.  


http://www.kababelan.galeon.com/NuevePuertas/ARCHIVO1/101.htm





jueves, 21 de abril de 2016

La Diosa de la Tierra



Vivimos en un mundo tetradimensional, cuya forma percibida por nuestros sentidos es un globo de materia flotando en la inmensidad del espacio. Antiguamente sin embargo el planeta Tierra no existía para la humanidad y tan sólo se hablaba de una realidad dividida en tres planos: el terrestre, el celeste y el inframundo, averno o infierno. De esta división en tres niveles surgieron multitud de cosmologías y visiones de la realidad. Dioses y demonios habitaban en reinos opuestos y el ser humano, en un mundo intermedio (la tierra media de las leyendas) sufría los avatares de ambos tipos de seres. Esto creó toda una estructura mítica en la psique humana y durante siglos su influencia ha marcado la moral y las acciones de las sociedades, el bien y el mal, las metas y los castigos.
Pero frente a esta concepción mítica de la realidad fue surgiendo en los últimos siglos una nueva visión , llamada científica, donde las descripciones religiosas fueron desapareciendo para ser sustituidas por una visión tangible y racional del mundo. Con los avances de la tecnología se alcanzó a comprobar que el mundo no es un plano sino una esfera flotando en un espacio cuasi vacío y sostenida por poderosas fuerzas en equilibrio.
¿Pero es esta toda la realidad? La materia que perciben nuestros sentidos es la integridad del mundo o tan sólo su superficie sensorial. ¿Hay algo más que todavía somos incapaces de vislumbrar o concebir? ¿Existe una inteligencia más allá de la humana oculta tras la apariencia del mundo tetradimensional?
¿Es la vida tan sólo la materia? ¿Es la inteligencia únicamente una propiedad de los seres biológicos en la escala por nosotros conocida? ¿Son los organismos vivos definidos por la ciencia la exclusiva forma de vida e inteligencia? ¿Está el ser humano preparado ya para entender la esencia y el significado del universo?

Algunos científicos han comenzado a apuntar tímidamente la hipótesis de que la vida pudiera existir a escalas distintas a las que nosotros conocemos. Tal vez la vida tiene formas de organizarse que aún siquiera podemos sospechar.
Desde tiempos inmemoriales ciertos místicos y chamanes han expresado la opinión de que en base a sus experiencias con la conciencia han descubierto que la trama de la realidad que conocemos es tan sólo un pequeña parte de la trama de la realidad total del universo. Y que el plano de la vida biológica, definido por la ciencia en base a nuestros sentidos ordinarios, es meramente una realidad vital entre otras muchas no operativas desde el nivel de la conciencia ordinaria pero igualmente verdaderas.
Para descubrir y conectar con esa realidad imperceptible por los sentidos comunes es preciso, según estos místicos y chamanes, volver la mente hacia adentro, como cuando volvemos al revés un jersey, y comenzar a percibir desde otro nivel interior de conciencia.
Al ser la realidad verdadera algo imperceptible sensorialmente, no podemos sino percibirla a través de estados de conciencia generadores de niveles de realidad. El estado de conciencia ordinario de la humanidad es tan sólo un entre otros muchos posibles y ese estado conciencial es el que define la realidad del mundo y del espacio-tiempo.

Toda la ciencia moderna está basada en un estudio de la realidad dentro del estado de conciencia que creemos el único existente. Y toda la estructura técnica de la sociedad registra la franja sensorial ordinaria que nos sirve para delimitar la realidad tangible. Hemos creado así una visión del universo denominable como científica-sensorial, pero hemos olvidado que el estado de conciencia matiza y filtra la configuración del flujo espacio-temporal del mundo sensible.          
Nuestra mente crea un fluir de pensamientos que definen la realidad, aún sin ser nosotros capaces de alcanzar la conciencia necesaria para vislumbrar el proceso. Carentes de un nivel de conciencia elevado la humanidad vive en un mundo tetradimensional restringido a determinadas formas de espacio y tiempo. La secuencia muerte y vida de las formas biológicas forma un espejismo donde la conciencia se halla fascinada y atrapada, incapaz de alcanzar otros niveles de realidad.
Desde tiempo inmemorial algunos seres humanos han alcanzado a vislumbrar que la vida y la conciencia son un flujo que va más allá de las formas del espacio-tiempo conocido. El mundo es un tejido de materia que se halla imbricado en un campo de conciencia-mente, un sustrato interno donde se asienta la verdadera fuente de la realidad. Desde el interior de este sustrato de mente y conciencia surge un flujo que se manifiesta en las cambiantes formas del mundo biológico. La denominada materia es así tan sólo un aspecto de la realidad, una cristalización dinámica de una fuerza mental imperceptible sensorialmente. No somos capaces de  percibir esa Fuerza directamente con los sentidos, pero sí podemos registrar o percibir sus manifestaciones en el mundo de la forma.
Hace miles de años, antes de que llegaran las sociedades patriarcales a definir la realidad, se concebía este sustrato mental como una fuerza global de la que procedían todas la chispas individuales de conciencia que se manifiestan y perciben la realidad desde el interior de unidades biológicas. Esa fuerza o campo mental global fue denominado la Diosa Madre Creadora. Y esa Diosa Primordial fue adorada como fuente de la creación o mundo tetradimensional de espacio y tiempo.
Parafraseando distintos génesis de Oriente Próximo podríamos decir que:  Al principio de la creación esa Fuerza Máter Femenina reinaba en solitario sobre las aguas primordiales y genésicas del mundo-universo, es decir sobre el plasma energético-mental primigenio. Y esta Fuerza que soplaba sobre la Faz de las Aguas Primordiales es la origina y gesta todo el proceso de la sabiduría creadora que forma el espacio-tiempo tetradimensional en el que habita la humanidad.

Al considerar la Fuerza Interna de la Naturaleza como una Matriz de la Realidad se la representó como una Máter Original y Creadora, y de ahí el paso a la veneración bajo una forma femenina humana. Y siendo el seno y el útero de la mujer un lugar oscuro, al igual que las capas subterráneas de la tierra fértil, es fácil comprender que esa Madre fuera concebida como entidad femenina oscura, como la noche, e igualmente se la relacionó con la luna, regente de los ciclos biológicos del mar, las plantas y los animales.
Las representaciones de diosas fueron el primer símbolo de la Fuerza Oculta tras la apariencia del mundo fenoménico del espacio-tiempo.
Una mujer cubierta por un velo de estrellas puede simbolizar perfectamente a la máter universal o máter cósmica. Los antiguos sumerios, hace más de cinco mil años, ya afirmaban que lo femenino es la fuente de toda manifestación. Y así decían que en el principio sobre un mar primordial reinaba la diosa sumeria Nammu.


La Diosa de la Tierra fue concebida de muy diversas formas y recibió diferentes nombres, en función del aspecto que se quería remarcar o de la cultura humana particular de cada lugar y momento. En esta imagen podemos reconocer a la Diosa Cazadora, regente de vida y muerte en el reino de la naturaleza.
Ella era la dadora de vida, pero también la que la arrebataba. Todo volvía al seno de la diosa creadora, y así era aceptado, para después volver a resurgir bajo otro aspecto. La vida es un proceso de cambio continuo, de destrucción y regeneración, de nacimiento y muerte, de descenso a las profundidades de la materia y de reascenso al mundo de la forma y del tiempo.
La diosa celta Cerrydwen poseía el caldero mágico donde se hallaba toda la materia y la sabiduría del universo. Quien probaba el elixir de su caldero prodigioso alcanzaba la iluminación o visión auténtica de la realidad, más allá de las limitaciones de la forma y el tiempo. Los iniciados y druidas buscaban probar el secreto y prohibido contenido de ese Caldero para así renacer a una nueva vida. Estos mitos sobre el caldero de las diosas y dioses celtas propiciaron la posterior aparición de la literatura grialiana.

Perdida la diosa las mujeres perdieron también su poder y a partir de entonces en su inconsciente se sometieron al dominio del hombre, aunque muchas no aceptaron esta condición subordinada y sufrieron por ello.

También los hombres han vivido alejados de su esencia espiritual primigenia, donde lo masculino y lo femenino permanecía en equilibrio sustentado por la raíz creadora de la diosa.
Durante los últimos siglos de hegemonía religiosa patriarcalista, las mujeres seguidoras de la diosa, las que no habían perdido su vínculo con la deidad femenina de la tierra, fueron tachadas de seres maléficos, adoradoras de demonios y calificadas despectivamente como perversas y diabólicas brujas.
(Reseña de la Brujería en la Historia)
En la lejana época en que se adoró a la diosa como deidad suprema el mundo conoció una era de paz y prosperidad, floreció la agricultura, la artesanía y prosperaron las primeras ciudades. Pero tras varios milenios de edad de oro llegaron los pueblos guerreros de la edad del hierro y el proceso derivó hacia una concepción agresiva de la vida, la cual era regida por nuevas concepciones religiosas, donde dioses masculinos guerreros fueron desplazando paulatinamente a la antigua divinidad máter femenina. Durante siglos cohabitaron la diosa y el dios, las diosas y los dioses, en un cierto equilibrio, para al final ir venciendo estos últimos en la mente humana hasta llegar a la fase final ya conocida del monoteísmo de las religiones patriarcales.
Tras la victoria en el consciente humano de los arquetipos religiosos masculinos sucedió que el arquetipo de la diosa se fue retirando de los principales centros de cultura de la pujante nueva civilización patriarcalista.
La humanidad perdió el contacto con el alma de la tierra, con su sustrato espiritual, sustituyendo a la diosa por dogmas y doctrinas fundamentalistas cuyo fin es restringir el espíritu humano y anclarlo en esta realidad de espacio-tiempo. Se sustituyó la presencia de la diosa en el mundo con la promesa de un futuro paraíso ultraterreno, de un cielo quimérico como premio a los buenos seguidores de los principios religiosos patriarcalistas. Así se llega a la contradicción de destruir la tierra y esperar un premio en un cielo postmorten.

En cambio la Diosa y la Tierra son una, según la vieja concepción. Al igual que el ser humano, su cuerpo y su alma, son uno. Todo está integrado en la naturaleza, pues el campo de energía-mente engloba todo el espacio-tiempo, sin divisiones entre un mundo celeste arriba y otro terrestre abajo. Según la antigua visión de la religión de la diosa, todos los mundos se solapan en distintas realidades una dentro de la otra, una paralela a la otra. La materia y el espíritu son dos aspectos de una misma cosa. No hay separaciones, todo se integra en una unidad global, en un círculo eterno e infinito que lo comprende todo.

escrito por Kababelan

ATTE: Titania

domingo, 16 de febrero de 2014

A propósito de Venus...camino de la Diosa o Senda de Lucifer


Ya que todo el mundo habla del tránsito de Venus, había que dedicarle unas palabras. Y puesto que son muchas las personas que ven en ello un gran acontecimiento, estaría bien reflexionar sobre su significado a partir de los dos símbolos que se esconden en el único planeta femenino del Sistema solar.

Porque Venus, aunque es el planeta al que todas las culturas se refieren como reflejo de la diosa del amor, es, al mismo tiempo, y aunque menos sabido, equiparado con Lucifer, el portador de la luz y guardián del conocimiento.

Lucifer (del latínlux ”luz” y fero ”llevar”: “portador de luz”) es, en la mitología romana, el equivalente griego de Fósforo o Eósforo (Έωσφόρος) ‘el portador de la Aurora’ que proviene de la antigua dama oscura Luciferina.

Este concepto se mantuvo en la antigua astrologíaromana en la noción de la stella matutina (el lucero del alba) contrapuesto a la stella vespertina o el véspere (el lucero de la tarde o véspero), nombres éstos que remitían al planeta Venus, que según la época del año se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o después del atardecer.

En la tradición cristiana, Lucifer representa al ángel caído, ejemplo de belleza y sabiduría a quien la soberbia condujo a los infiernos. (Fuente: wikipedia)

Prescindiremos de las cuestiones históricas sobre tal asociación, pues aquí lo trataremos como un “juego” de mitos y símbolos cuyos vínculos ofrecen sugerentes reflexiones. Porque tal aspecto no sólo es propio de nuestra cultura, sino que también está presente entre los mayas. Para ellos, Venus también tenía un lado oscuro llamado Xolotl:

En la mitología mexica y tolteca, Xólotl (el animal, señor de la estrella de la tarde y del inframundo) era el dios del relámpago, los espíritus y además el ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán. Xólotl era también el dios de fuego y de la mala suerte.

Era gemelo de Quetzalcóatl, y la personificación maligna de Venus. Protege al Sol cuando viaja a través del inframundo durante la noche. También llevó adelante al género humano y le entregó el fuego de la sabiduría.

(Fuente: wikipedia)

Hay una idea recurrente a lo largo de la Historia según la cual existen dos caminos para alcanzar el estado trascendente que conduce al verdadero conocimiento del yo. El sendero del dolor, o sufrimiento, y el sendero de la entrega, o amor.

Mientras que este último respondería a una entrega voluntaria para servir a los valores de la diosa, el primero actúa contra nuestra voluntad y tiene como director de orquesta a Lucifer, entendiendo a esta figura en los términos descritos por el fundador de la antroposofía, Rudolf Steiner:

Los Espíritus luciféricos inculcaron en el hombre el deseo materialista, y como contramedida los seres superiores introdujeron la enfermedad y el sufrimiento como las consecuencias de los deseos e intereses materialistas, con el fin de que no sucumbiera por completo a este mundo de los sentidos. Y por eso hay exactamente tanto sufrimiento y el dolor en el mundo, como hay de interés sólo en lo físico y lo material. Las escalas se mantienen en perfecto equilibrio, ya que lo uno compensa lo otro, y es por eso por lo que hay tantas pasiones y deseos por un lado como enfermedad y dolor por el otro. (Fuente: Biosophia)

El propósito de vida, a partir de aquí, es vencer tales fuerzas y emprender regreso al paraíso perdido, la divinidad sepultada bajo el peso del ego. Al igual que Xolotl ayudaba con su sabiduría a alcanzar el más allá, Lucifer tiene el mismo propósito para nosotros, pues parece ser la única manera de progresar para quienes se resisten a seguir los pasos marcados por la diosa. 

El sendero de la diosa es complicado, tal y como vemos en el mito de Osiris. Su hermano Seth, que le odiaba por todo lo que representaba, conspiró para asesinarlo. Después de ser engañado para introducirse en un cofre, Osiris fue encerrado en él y arrojado al Nilo. Isis, esposa de Osiris, enterada de la traición, emprendió la búsqueda del cofre, el cual fue encontrado tras una serie de aventuras.Pero Seth, enfurecido por el hallazgo, lo abrió y despedazó el cuerpo de su hermano, repartiendo los trozos por todo el país.

Isis consiguió recuperar los restos de su marido, salvo el pene, el cual sustituyó con un falo de oro. Gracias a su poderosa magia, Isis logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él. Fue así cómo nació su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos.

Osiris muere pero Isis recompone su cuerpo, teniendo que usar, al haberse perdido el original, un falo de oro gracias al cual nacerá Horus, el dios solar. En definitiva, el hombre debe vaciarse de sus energías egoicas representadas por el falo y ser portador, mediante ese otro falo de oro, de la fuerza vital procedente de la amante, Isis.

Es entonces cuando el aspecto masculino del universo actúa como vehículo por el que la energía femenina se puede desarrollar creativamente. La misma equivalencia simbólica del falo de oro, cuya intención simbólica es la misma que la circuncisión en términos cabalísticos, la encontramos en la virgen fecundada por el dios, sin intervención de hombre alguno. La diosa, fuerza femenina, y el espíritu, fuerza masculina, crean al Cristo. No hay lugar para el ego en esta partida.

La unión de las dos fuerzas se manifiesta en una tercera criatura, el dios solar. El hombre trascendido que renace aflorando su aspecto divino tras la unión de las dos energías que rigen el cosmos, la masculina y femenina.

En su origen, la fuerza femenina del universo es movimiento continuo, desordenado e impredecible. Si la energía femenina no es asimilada por la energía masculina, ordenadora, y ambas no se unen en la criatura superior que es el Cristo, entonces se desata el caos. Es la vertiente destructiva de la diosa, manifestada en la figura de Sekhmet:

Hija de Ra, enviada por éste para castigar a la humanidad por dejar de rendirle culto, sin embargo fue tal su ferocidad que Ra se asustó y, para impedirlo, fue embriagada.

Sekhmet vive en calma siempre y cuando los dioses la emborrachen para adormecerla. Esto es, cuando el espíritu dirige el movimiento de la matriz creadora, caótico por naturaleza. Si los dioses se olvidan de ella, la diosa recupera la sobriedad y se convierte en un ser terrible con insaciable sed de destrucción.

El Cristo siempre viene identificado con el Sol. Nuestra estrella puede ser contemplada como el resultado de la unión de las fuerzas femenina y masculina en una escala superior. Las energías caóticas del universo reorientadas y ordenadas en un ser creativo.

A su vez, el proceso ha de seguir ¿ad infinitum? El nuevo logos solar se convierte en el impulsor vital que actúa sobre la matriz divina, ahora con esencia planetaria, y se funde con ella para dar lugar a un nuevo nivel de potencial conciencia crística, la cual se debe desarrollar en el ser humano.

Si este renuncia al proceso, debido a la influencia luciferina, es decir, si no permite que las fuerzas que ha heredado en sí mismo se unan, entonces el caos no es resuelto en ese nivel y actúa, por consiguiente, sin control. Es la consecuencia de una actitud que pretende individualizarse y apartarse. Pero las leyes son inquebrantables, de modo que el restablecimiento del orden terminará llegando.

El sendero del sufrimiento comienza cuando renunciamos a ignorar los deseos del ego. Lucifer se hace fuerte y comienza un incremento paulatino de la identidad egoica, es decir, una separación cada vez mayor del individuo con respecto a la divinidad. Todo ello se manifiesta en la mayor intensidad del deseo y de la necesidad de obtener placer en las acciones emprendidas.

Cuanto más nos adentremos en este camino, por tanto, menos querremos dar marcha atrás, pues, aunque frustrados por los deseos insatisfechos, el ego nos convencerá de que el placer auténtico está un poco más adelante, y así con cada paso que demos. Cuanto más reforzamiento, más dolor, hasta que la situación sea tan insostenible que se derrumbe por su propio peso.

En la desesperación más absoluta por no saciar y colmar las sucesivas necesidades que van surgiendo, el hombre deja de confiar en sí mismo, en la voz del ego que le promete placer, y se entrega, más tarde que temprano, a lo trascendente.

Mientras que esto no ocurra, ante la falta del espíritu que oriente la fuerza femenina, Sekhmet despierta de su borrachera y actúa destruyendo a la humanidad. Es decir, el hombre, al haber impedido la participación divina que dirige el movimiento creativo en el universo, sucumbe ante la materia en su naturaleza primigenia, el caos, la naturaleza indómita.

Es la fuerza que se manifiesta en las sociedades materialistas, donde el ser humano se niega a cortar su falo y permitir que la diosa encuentre el cauce a través del cual manifestarse. Entonces, la matriz ingobernable arrasa con todo. Es el camino que nos ha conducido a la situación actual de crisis a través de una descomunal intensificación del hedonismo en los últimos noventa años, desde la exitosa labor de Edward Bernays a partir de los años veinte con la aplicación de las teorías de Freud al nuevo modelo de sociedad consumista que se estaba creando y que se resume en la frase de Paul Mazer, de Lehman Brothers: “La gente debe ser entrenada para desear nuevas cosas antes incluso de que las viejas hayan sido enteramente consumidas. Los deseos de los hombres deben eclipsar sus necesidades”.

De seguir luchando por salvar un sistema basado en el egoísmo, el sufrimiento seguirá siendo cada vez mayor, de acuerdo a la filosofía perenne que analizamos, por muy diversas que sean las alternativas políticas y económicas que se planteen, tal y como argumenta, entre otros, Joan Antoni Melé, subdirector de Triodos Bank.

De acuerdo al discurso hermético, para que cese la destrucción, el hombre debe renunciar al ego, es decir, morir y entregarse a la diosa para renacer con el falo que ésta crea en sustitución del anterior humano, y a través del cual se produce la unión de lo masculino y lo femenino sagrados, Horus. Permitir, en definitiva, que las fuerzas sigan fluyendo. 

Este mismo mensaje, por cierto, nos llega en la actualidad a través de otras corrientes tan aparentemente ajenas a nuestra civilización como las tribus americanas. Habría que preguntarse, desde nuestra perspectiva racional, si no habrá algo más que mito cuando por todo el “espacio-tiempo” circula el mismo discurso.

Por otro lado, resulta muy sugerente a nivel simbólico, para quienes se tomen en serio la sincronicidad y aquello de “como es arriba es abajo”, que en el momento de mayor ausencia de impulso espiritual en este planeta parezcan haberse incrementado las catástrofes naturales a lo largo y ancho del mismo, como si Gaia despertara de su borrachera…

El “mal”, de esta manera, es la forma última, agotada la vía “pacífica”, con que se reconduce la situación para devolvernos al camino establecido en el devenir del Universo. Dicen los cabalistas que el sufrimiento es la única vía que conoce el hombre para desprenderse de su ego y acudir a la divinidad en busca de ayuda. Sólo nos rendimos a lo trascendente cuando aceptamos por experiencia que el ego no conoce más que sufrimientos.

Sólo unos pocos han sido capaces de recorrer el sendero de la diosa, esto es, la renuncia voluntaria. Camino tortuoso y terrible en su inicio, pues lo que aparentemente suena hermoso y atractivo, el amor incondicional, se convierte en una auténtica pesadilla para el ego humano, pues implica su muerte. Algo que no permite nuestro instinto de supervivencia. 

El amor, en su sentido auténtico, es la muerte de un individuo, la disolución de todo deseo para sí mismo en favor de la voluntad de otorgar, su desvanecimiento en el otro.

Los métodos orientales se dirigen a la supresión del sufrimiento desde su raíz, mediante la anulación del deseo. Mediante la meditación, se busca contemplar los pensamientos y emociones como ajenos y, por tanto, desvincularse del ego y tratar de situarse en un nuevo estado más cercano al yo interior.

En cualquiera de los casos, el sexto gran principio fundamental de la filosofía perenne afirma que la iluminación o liberación pone fin al sufrimiento. Su causa es el apego y el deseo de nuestra identidad separada; y lo que pone fin al sufrimiento es el camino meditativo que trasciende al pequeño yo y al deseo y el apego. El sufrimiento es inherente a ese nudo o contracción llamado ego y la única forma de acabar con el sufrimiento es trascender el ego.

No se trata que después de la iluminación, o después de la práctica espiritual en general, ya no sientas dolor, angustia, miedo o daño. Todavía sientes eso, si. Lo que simplemente ocurre es que esos sentimientos ya no amenazan tu existencia y, por tanto, dejan de constituir un problema para ti. Ya no te identificas con ellos, ya no los dramatizas, ya no tienen energía, ya no te resultan amenazadores.

Por una parte, ya no hay ningún ego fragmentado que pueda sentirse amenazado y, por otra, nada puede amenazar a ese gran Yo del Ser original y auténtico, puesto que, siendo el Todo, no hay nada ajeno a él que pueda hacerle daño. Esta situación produce una profunda relajación y distensión de los sentidos y de la mente. Por más sufrimiento que experimente ahora el individuo, su verdadero Yo no se siente amenazado. El sufrimiento puede presentarse y puede desaparecer, pero ahora la persona está firmemente asentada y segura en “la paz que sobrepasa el entendimiento”. El sabio experimenta el sufrimiento, pero éste no le hace “daño”.

Y como es consciente del sufrimiento, se siente motivado por la compasión y el deseo de ayudar a quienes sufren y creen en la realidad del sufrimiento.

(Fuente)

Por su parte, y con el mismo propósito, los cabalistas nos transmiten que nuestra naturaleza original es “deseo de recibir”. No podemos escapar a ello porque es nuestra esencia. Sólo aspirar, mediante la reorientación de ese deseo egoísta, a “desear recibir la voluntad de otorgar” hasta que, en algún momento, esto nos sea concedido.

El invitado que, por ejemplo, degusta las viandas con que su anfitrión le agasaja porque siente placer por la comida se guía por el deseo egoísta de recibir. En cambio, aquel otro que no tiene apetito y, sin embargo, accede a comer debido a la insistencia del anfitrión, seguirá el principio de otorgamiento, pues accede a degusta los manjares, no por placer propio, sino para reconocer los esfuerzos que se han realizado para recibirle y hacerle sentir cómodo, pues rechazarlos supondría una ofensa para quien le acoge.

Es el mismo propósito que se esconde, por ejemplo, tras las prácticas de la tradición tántrica y de las prostitutas (lamentable interpretación de corte patriarcal) sagradas, donde el sexo es desviado hacia una intención de acceder a lo sagrado.


Por tanto, vemos que únicamente en la intención es donde podríamos encontrar un atisbo de progreso, es decir, en la permanente toma de consciencia de las fuerzas que intervienen en los actos que ejecutamos, analizando cada situación presente y el porqué de su desarrollo con el fin de trabajar en la corrección de los propósitos. 

En La última tentación de Cristo, Jesús sufre al verse actuando contra su voluntad humana, empujado por algo superior a él. Su reacción al comprender el proceso se resume en una frase: “Gracias, Señor, por traerme donde yo no quería”. Es en ese reconocimiento donde el yo interior se desvincula del ego y deja de reconocerse en él. Mientras el humano egoico sufre, la conciencia de sí mismo se impone reconociendo la ilusión que supone la sensación de dolor.

Se trata de una acción en la que no ha participado el ego, en la que le hemos hecho frente y lo hemos subordinado, permitiendo actuar a nuestra conciencia trascendente y en la que hemos comprendido, por tanto, que el sufrimiento no era sino un obstáculo creado por nuestro natural deseo de recibir para impedirnos actuar en su contra.

El altruismo verdadero es una fuerza que nos supera. Supone actuar sin esperar beneficio alguno. El engaño por el que el ego nos otorga la ilusión de amor incondicional nos oculta, en cambio, sus verdaderos motivos: “amamos” a cambio de ser “amados”. Actos egoístas, no amorosos en su sentido real, por los que se busca un beneficio personal: ser queridos, reconocidos o sentirnos elevados.

Y eso, desde la perspectiva citada, es aplicable a todos los actos realizados en esta realidad. Significa que cualquier atisbo de que nos movemos por un deseo de recibir una recompensa, como el gozo derivado de sentirse más cercanos a lo espiritual tras una meditación, es en realidad un engaño del ego. Si el otorgamiento no espera nada para sí, utilizar la espiritualidad con el deseo de ser reconfortados ya es una actitud egoísta. En un ensayo sobre la meditación, el físico Arthur Zajonc dice:

Hemos nacido en una vida de servicio y trabajo. Esto es importante. La meditación no es ninguna evasión. Sólo es una preparación para la vida. Regresamos a nosotros mismos con mayor profundidad, más despiertos, y reafirmados por nuestro contacto con lo infinito, con los misterios de nuestra propia naturaleza, con lo divino. Si nuestra meditación ha tenido éxito, podemos incluso ser reticentes a regresar. Tal reticencia, sin embargo, no se halla en consonancia con los fundamentos morales del amor y el altruismo que establecimos al comienzo. Los frutos de la vida meditativa no son para que los acaparemos, sino para compartirlos. La contemplación se emprende adecuadamente como un acto desinteresado de servicio, y así el regreso es la verdadera meta. Si hemos vivido rectamente en el sagrado espacio de la meditación entonces seremos más aptos, más intuitivos para la vida y la amaremos aún más. (Fuente)

Con todo lo expuesto, cabría plantearse, después de todo, si muchas personas de buena voluntad que piensan estar actuando para “traer el Cielo a la Tierra” no estarán en realidad trabajando para “aumentar el Ego en la Tierra” sin ser conscientes de ellos.

Si, pensando que servimos a la diosa, no estaremos otorgando ofrendas sin límite a un cada día más orondo Lucifer. Esto es lo que nos debería hacer reflexionar cuán lejos o cerca estamos realmente de un cambio de conciencia a nivel global, ahora que tanto se habla de ello.

Dice Lipovetsky que el siglo XXI es el tiempo de la multiplicación y proliferación de nuevas formas de espiritualidad y religiosidad, de nuevas terapias psicoespirituales dirigidas a la consecución del equilibrio, la armonía y el bienestar psicológico de lo cual dan muestra la infinita variedad de terapias psicofísicas y psicoesotéricas, o la explosión de nuevas formas de espiritualidad e incluso de nuevas religiones de reciente creación que en muy corto espacio de tiempo consiguen un gran número de adeptos y un ingente patrimonio económico. Tanto en los países opulentos de occidente, como en los países empobrecidos, vivimos tiempos de suavidad, equilibrio, búsqueda de armonía psicofísica, de bienestar y salud corporal y emocional en los que emergen multitud de empresas que venden la alegría, la felicidad individual y una ansiada paz interior acompañada de numerosos ritos, fórmulas y “nuevos sacramentos” que suavizan y aligeran la carga de estrés y sufrimiento, de vacío existencial y sinsentido que la posmodernidad y el nuevo desorden flexible, dinámico y adaptado a la singularización y diferenciación del mercado han originado.

[...]Como dice Lipovetsky estamos ante el nacimiento de una especie de «sabiduría light» que se concentra, no tanto en la consecución de la felicidad mediante el hiperconsumo material, sino «…en la búsqueda del equilibrio interior, la armonía del cuerpo y el espíritu, la expansión y profundización de la conciencia. Lo importante no es cambiar el mundo sino cambiarse uno, despertar la conciencia a potenciales desaprovechados, inventar un nuevo arte de vivir conciliando al individuo consigo mismo. La sabiduría que se tenía por un ideal obsoleto: ya la tenemos otra vez en primer plano. Lo que nace es una microutopía psicoespiritual que reconfigura la mitología de la felicidad individualista en el núcleo de la sociedad de hiperconsumo…» (Lipovetsky, G.; 2007: 334).

[...] Lo que resulta también sorprendente es que este tipo de espiritualidad light o de «microutopía espiritual» que Lipovetsky denuncia, o esta nueva ola posmoderna del new age que preconiza el “estar bien” mediante el aislamiento, la abstracción, la meditación y el consumo de todo tipo de psicoterapias y productos esotéricos, donde precisamente más abunda es en las clases medias y altas. Son los grupos y capas sociales de un cierto poder adquisitivo, las que movidas por su vacío y frustración existencial buscan afanosamente islotes de paz y de buena conciencia, puesto que las grandes mayorías no disponen de la capacidad para pagar los variados gurús y exquisitos centros de relajación, spa, meditación que prometen la felicidad.

[...] La crisis del ser como crisis espiritual, es pues la expresión de una «sabiduría light» en la que las aportaciones de las grandes tradiciones espirituales de oriente y occidente y los elementos de esa sabiduría perenne presente en todas ellas y que ponen de manifiesto la existencia y la posibilidad de una transreligiosidad liberadora, integral y auténtica, han sido «reemplazados por técnicas de autoayuda que garantizan a la vez triunfo material y paz interior, salud y confianza, ímpetu y serenidad, energía y tranquilidad, felicidad interior sin necesidad de renunciar a lo que haya en el exterior (confort, éxito profesional, sexo, diversiones).El individuo hiperconsumidor aspira a las ventajas del mundo moderno y además al mundo interior (…) Es la búsqueda individualista de la felicidad terrena lo que prosigue al amparo de las sabidurías antiguas. No es un cambio de paradigma, sino la dinámica pluralizadora de las mitologías de la felicidad individualista…» (Lipovetsky, G.; 2007: 336)

Así pues la búsqueda de la felicidad por todos los medios posibles, ya sea mediante el gozo y el hedonismo procedente del incesante hiperconsumo material que nos esclaviza y nos somete a las exigencias de los poderes mercantiles para alcanzar paraísos de placer y supuesto bienestar, o ya sea mediante el arrebato espiritualista o el sometimiento a creencias que nos apartan y abstraen de nuestra vinculación con los demás y de las necesidades de nuestros semejante, nos lleva también al vacío y a la frustración existencial.

Al parecer no hay pues salida posible para nuestro consumismo espiritualista que nos encierra en nosotros mismos haciéndonos creer, que por el hecho de que cambie nuestra percepción o se alteren nuestros estados de conciencia vamos necesariamente a vivir en el mejor de los mundos.

(Fuente: Tendencias21)

¿Estaremos atrayendo a Xolotl pensando que se trata de Quetzalcoátl? ¿Alimentando energías luciferinas mientras pensamos que estamos siendo arropados por la amorosa y protectora diosa, a la cual tendríamos, en realidad, abandonada en lo más profundo de la cueva?

En fin, después de todo, Venus o Lucero, el planeta resulta ser el mismo… Aunque por métodos bien diferentes, el destino final es único: hacernos renunciar al ego. En realidad puede que no importe tanto la confusión, salvo por los pequeños inconvenientes que pueda causar Sekhmet…

Habrá que considerarlo anécdotas del viaje para ser compartidas, junto a un buen fuego, cuando nos reunamos en el albergue, al final del camino…

R.G.V.

El Mito de la Diosa Diana y su amante Lucifer


Mitología. Creación según Evangelio de las Brujas


“Diana fue la primera en ser creada, antes de toda la Creación; en ella estaban todas las cosas. En su interior, se dividió en luz y oscuridad, dando vida a Lucifer, su hermano e hijo. Y al ver la luz tan hermosa, la luz que era su otra mitad, su hermano Lucifer, la deseó enormemente. Deseando recibir a la luz nuevamente en su oscuridad, para devorarla en éxtasis, tembló de deseo. Ese deseo fue el amanecer.

Pero Lucifer, la luz, huyó de ella, y no accedió a sus deseos. Él era la luz que huye a los rincones más distantes del cielo, el ratón que corre delante del gato. Entonces Diana se dirigió a los padres de todos los Comienzos, a las madres, a los espíritus que existieron antes del primer espíritu, y se lamentó de su falta de éxito con Lucifer.

Y ellos alabaron su coraje, y le dijeron que para elevarse primero debía caer; para ser la jefa de las Diosas primero debía ser mortal. Y en el correr de las eras, cuando el mundo fue construido, Diana viajó a la tierra, al igual que Lucifer, quien había caído. Diana enseñó magia y hechicería, y surgieron las brujas, las hadas y los duendes, y todo aquello que se parece a los hombres pero no es mortal. Y Diana tomó la forma de una gata.

Su hermano tenía una gata que amaba sobre todas las cosas, y dormía en su cama todas las noches; una gata más hermosa que ninguna criatura, un hada, aunque él no lo sabía. Diana acordó con la gata intercambiar formas, por lo que se acostó con su hermano, y en la oscuridad asumió su verdadera forma, y por Lucifer se convirtió en la madre de Aradia.

Pero al llegar la mañana, Lucifer se dio cuenta de que había dormido con su hermana, y que la luz había sido conquistada por la oscuridad. Estaba furioso, pero Diana con sus artes mágicas lo fascinó, y él se abandonó a su amor. Esta fue la primera fascinación; ella canto la canción, que era el zumbar de las abejas, una rueda girando, girando como la vida. Ella hizo girar la vida de todos los hombres; todas las cosas giraron en la rueda de Diana. Lucifer hizo girar la rueda.”

¿Quien y el por qué de Aradia?

La figura de Aradia aparece por vez primera en la literatura en 1899, en el libro Aradia ó El Evangelio de las Brujas de Charles Godfrey Leland.

Leland identifica a Aradia con Erodiade, escribiendo:

"...el nombre no deriva de Erodiade del Nuevo Testamento, pero una copia más antigua de Lilith que tiene el mismo nombre... en el siglo sexto el culto de Erodiade y Diana por parte de las brujas fue condenado por la iglesia en el Concilio de Angora"

En la historia de los juicios de las brujas recurre de hecho esta asimilación: Diana es a menudo puesto al lado de la fugura de Erodiade, como en el proceso de Mllán de 1390 contra Sibillia y Pierina.

Piperno y otros escritores hipotetizan una identificación de Erodiade con Lilith.

Carlo Ginzburg, escritor y ensayista que en el libro "Historia Nocturna" se ocupó del fenómeno de la brujería popular desde un punto de vista histórico y antropológico, hace derivar el nombre de Aradia de la unión de los nombres de Hera y Diana, ambos supervivientes al advenimiento del cristianismo y unidos en una figura compuesta de nombre Heradiana o Herodiana.

El historiador Ronald Hutton, en "The Triumph of the Moon" (El Triunfo de la Luna) sugiere que esta identificación con Erodiade fue inspirada de la ópera de Jules Michele, "Satanism and Witchcraft" (Satanismo y Brujería).

La antropóloga Sabina Magliocco, por otra parte, prefiere considerar la conexión entre la Erodiade italiana (Herodias), el culto de Erodiade y Aradia.

Recientemente hay quienes han adelantado la hipótesis de Aradia como un nombre compuesto.



Un día, Diana le dijo a Aradia:

''Fuiste creada y concebida por el Espíritu,
pero naciste para volver a ser mortal.
Debes volver a la Tierra para instruir a mujeres y hombres,
a todos los que deseen estudiar la brujería en tu escuela.
Nunca más serás hija de Caín, ni pertenecerás a la raza que él pertenece.
Serás la primera bruja conocida y serás mi embajadora ante el mundo, enseñarás el arte de envenenar, tú harás que mueran en sus palacios cuando encuentres a un campesino rico enseñarás a tu alumna cómo arruinar sus cosechas con tormentas espantosas, con rayos y truenos con granizos y vientos terribles y cuando un sacerdote le cause mal y la hiera por sus creencias, le retornará el daño por triplicado y lo hará en mi nombre... Diana la Reina de todas las brujas.
Y cuando los reyes o sacerdotes os digan que debéis poner.
La fe en el Padre en el Hijo y en Maria.
Contestaréis : vuestro Dios, vuestro Hijo y Maria son tres diablos...
Para mí no es el verdadero Dios ni Padre.
El Mal es el destino de todos que os hagan mal''

En lo que si todos coinciden es en que fue la "primera bruja"


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